El evangelio de hoy (Mc 9, 2-10) nos relata la experiencia de Pedro, Santiago y Juan, testigos presenciales de la transfiguración de Jesús en el Tabor. El Maestro, que da siempre antes lo que más tarde pide, quiso que vieran su gloria para sobrellevar el escándalo de la Cruz cuando llegara el momento de su pasión.

Este trayecto de subida y descenso del monte es una imagen de nuestra propia vida; de la tuya, de la mía. Y lo que brota de mi corazón al releer y meditar este pasaje es que lo que nos suceda es lo de menos si contamos con la presencia del Señor en cada acontecimiento de nuestra vida.
Jesús, no nos abandones nunca. Mejor, porque sabemos que nunca lo haces, que, suceda lo que suceda, sepamos por la fe en Ti que nunca fallas, que vives cada suceso de nuestra vida sosteniéndonos, animándonos, consolándonos, alegrándote con nosotros. ¡¡¡Gracias, Señor, por tu presencia!!! ¡¡¡Gracias por haberte quedado con nosotros!!!