jueves, 31 de diciembre de 2015

Para comenzar bien el año

La liturgia nos propone de nuevo hoy, último día del año, un fragmento del Prólogo del Evangelio de San Juan (1,1-18) que nos habla de lo que ya existía al principio: la Palabra.

Pensaba que ésta podría ser una buena clave para comenzar el 2016: fundamentar este nuevo año en la Palabra, en Jesús, por medio de Quien fue hecho todo y en Quien todo lo que existe se mantiene en el ser que de Él recibió por participación.

Sigue San Juan diciéndonos que en la Palabra había vida y la vida era la luz de los hombres. Por eso, fundamentar el nuevo año en la Palabra implica buscar la vida en el Señor y no en las mil y una cosas que nos ofrece la sociedad. Porque, aunque sean cosas buenas, muy buenas, si no las ponemos en el lugar que les corresponde, terminan esclavizándonos y nos arrebatan la vida libre que Dios nos regala.

También veía aquí una llamada a acudir a la Luz cuando a lo largo del año tengamos momentos, días, semanas o meses de oscuridad. La Palabra del Señor es la mejor brújula, la mejor guía para recuperar el camino cuando lo hayamos perdido o para continuar por donde marca, bien cogidos a Ella, cuando las tinieblas se resistan a dejar paso a la luz.

Ojalá que caminemos todos los días de este 2016 que está a punto de comenzar siendo conscientes de que Dios vive acampado entre nosotros; así no nos sentiremos solos. Ojalá sepamos ser sus "mensajeros" para los que no son capaces de descubrirlo caminando a su lado; así curaremos muchas soledades y desiertos. Ojalá recibamos con manos abiertas y corazón agradecido todas las gracias que quiere regalarnos el que es la Plenitud. Ojalá estemos atentos a las enseñanzas del Maestro que, sin cansancio y sin descanso, nos seguirá diciendo Quién y cómo es Nuestro Padre en el silencio de nuestros corazones todos los días de este año, muchas veces cada día... ¡¡¡Feliz y santo año 2016!!!




miércoles, 30 de diciembre de 2015

Desear, buscar, esperar...

Hoy seguimos con la Sagrada Familia en el Templo. Y con ellos conocemos a Ana, esa mujer anciana que servía a Dios esperando su manifestación (Lc 2,36-40).

Ni Simeón ni ella quedaron defraudados, Y es que, cuando buscamos de verdad a Dios, cuando esperamos atentos que se muestre a nosotros, el Señor no deja de atender ese deseo del corazón revelándose para que lo reconozcamos y nos encontremos con Él. Sólo tenemos que buscarLe y esperar seguros de que desvelará Su Presencia para que, descubriéndoLe, nos hagamos conscientes de su continua compañía junto a nosotros en el camino de la vida y podamos vivir en y de Su Voluntad.

Pienso que si nuestro único afán y deseo fuera éste, que la voluntad de Dios se cumpla en nosotros, nuestra vida adquiriría todo su sentido y, con él, esa permanencia eterna a la que alude San Juan en su primera carta (2,12-17). El discípulo amado nos da la clave para que el sueño de Dios sobre tu vida y la mía se cumpla: creer en Jesús y amar a fondo perdido, sin esperar nada a cambio. Todo lo que sabemos se reduce a esto: ni más, ni menos. Conocer esta verdad y desearla para nosotros, poniendo lo poquito que esté de nuestra parte, es lo único que se nos pide. El resto le corresponde a Dios. Porque no siempre hacemos Su Voluntad pero, en cambio, siempre podemos desear hacerla y actuar en consonancia con este deseo. 

¡¡¡Anímate!!! La tarea de nuestra santificación le compete al Señor. Y Él nunca falla...








martes, 29 de diciembre de 2015

Una invitación a optar

El anuncio de Simeón a María en la escena de la purificación que nos presenta hoy el evangelio (Lc 2,22-35) nos recuerda que Jesús será una bandera discutida: aceptar o rechazar el nuevo modo de vida de los hijos de Dios que Él viene a inaugurar pondrá en claro la actitud de muchos corazones.

Sí, con Jesús no caben las medias tintas. El encuentro con Él implica siempre una decisión: optar por seguirLe o darLe la espalda. Porque quizá durante algún tiempo se puede hacer compatible su seguimiento con determinados comportamientos que desdicen de quien lleva el nombre de cristiano, pero esta situación termina quebrándose: la incoherencia y la mediocridad no se sostienen durante demasiado tiempo.

Para ser cristiano no basta con llamarse así. Es necesario vivir como nos enseña el Señor. Para esto contamos con su gracia que nos mantiene en el amor si nos disponemos a acogerla.

La alegría de María se vio aquel día nublada por la profecía del anciano. Cada vez que uno de los redimidos por su Hijo rechaza su redención la espada de dolor atraviesa el corazón de la Madre; la decisión por Cristo será sostenida por Ella que, con su "Sí", inauguró una forma de vivir nueva y revolucionaria: la que Dios hecho Hombre vivió para marcarnos el camino.



lunes, 28 de diciembre de 2015

Gracias y misión

Nos presenta hoy Mateo en su evangelio (2,13-18) la huída de la Sagrada Familia a Egipto y la matanza de los inocentes, víctimas de la crueldad de un tirano.

Aunque este día se ha rodeado de sonrisas y bromas, el acontecimiento que recordamos es dantesco y muy difícil de digerir: el mal siempre es irracional.

Al poco tiempo de nacer ya comienza nuestro Niño a redimir asumiendo todas las consecuencias del pecado para sacar, sin duda, del mal un bien. ¡Qué bueno es repetirnos esto una y otra vez para afianzar y hacer crecer nuestra fe puesta a prueba tantas veces como somos zarandeados por el mal! Aunque la fe no impide sufrir el dolor y la oscuridad, no podemos dejar de decirnos que Dios sabe cómo manejar los acontecimientos y la Historia precisamente para poder hacer frente a tanto sinsentido.

José tampoco entendió nada en aquel momento -¿quizá nunca llegó a encontrar un porqué y un para qué...?-. Pero obedeciendo la voz del ángel, tomó a su familia y siguió las indicaciones recibidas en el sueño paso por paso. Imagino su desconcierto intentando sacudirse el sueño mientras despertaba a María. ¿Qué pasaría en esos momentos de incertidumbre y prisas por su cabeza? No sabemos... El evangelista nos dice que, tomando al Niño y a su Madre, emprendieron la huída... Tampoco nos resulta difícil imaginar el dolor de los dos cuando les llegara la noticia de lo que sucedió mientras intentaban salir del dominio de Herodes...

Cuando la vida nos presente situaciones difíciles de digerir, donde el aparente silencio de Dios pese como una losa, en las que no sepamos bien cómo actuar, hacia dónde dirigirnos, habrá llegado el momento de escuchar la voz de nuestra conciencia -¡nuestro ángel!, la voz de Dios en nosotros- y decidir en consecuencia... aunque cueste. Porque del mismo modo que José recibió la misión de cuidar del Niño y de su Madre a ti y a mí se nos ha encomendado otra. Y de la misma manera que a él nunca le faltó el auxilio del cielo para realizarla, tampoco nos faltará esa ayuda a nosotros. Por eso, pase lo que pase y venga lo que venga, podemos estar seguros del auxilio de Dios para llevar a cabo eso que Él ha dejado en nuestras manos.




domingo, 27 de diciembre de 2015

Adoración silenciosa

El evangelio de hoy narra la subida de la Sagrada Familia al Templo y la "pérdida" de Jesús niño.

El Señor nos enseña a través de este suceso algo verdaderamente importante: que Dios ha de ser siempre el primero en nuestra vida. Y Jesús, para mostrar la radicalidad de esta exigencia, no dudó en vivirlo para darnos ejemplo.

En algunas ocasiones nos cuesta entender determinadas enseñanzas del Señor que nos resultan duras, excesivas, ininteligibles... Esta reacción no debe extrañarnos en absoluto porque ya nos dice Dios en la Sagrada Escritura que sus caminos no son los nuestros. 

Nos consuela y anima el hecho de que tampoco la Virgen entendía. En Ella está la clave para que nuestra respuesta sea la que Dios espera: a pesar de no entender asumía lo que venía de Dios porque confiaba en Él por encima de todas las cosas. Y asumía guardando en el corazón todo lo que sucedía a la espera de la luz que le permitiera entenderlo. 

A este respecto, nada nos dice el evangelio de José. Pero no resulta inverosímil considerar la perplejidad y el asombro que le acompañaron durante su vida, una vida en estrecha convivencia con el Misterio del Dios-con-nosotros. ¿Qué haría José ante lo que le desbordaba? Pienso que el padre de Jesús guardaría silencio; un silencio que su corazón honrado y cabal transformaría en adoración.


¡¡¡Cuántas veces María y José contemplarían a Jesús sin decir nada y, al mismo tiempo, haciéndose miles de preguntas sin encontrar respuesta a ellas!!! ¡¡¡Cuántos silencios ante el aparente silencio de Dios!!! 

Vamos a pedir hoy a nuestra Madre que nos enseñe ese "arte" de conservar en el corazón todas las cosas que nos cuesta aceptar y de tener la valentía de esperar a que Dios nos las dé a entender... a su debido tiempo. A José, el hombre bueno y fiel, le pido hoy para ti y para mí que nos dé su docilidad, confianza y fortaleza para permanecer a las puertas del Misterio del Dios encarnado sabiendo que nuestro "no entender" se debe a lo inabarcable de un Misterio, un Misterio que nos supera y que sólo pide de nosotros un silencio que adore, acoja y ame.

sábado, 26 de diciembre de 2015

El arte de dejarse conducir

Hoy, día de San Esteban, Jesús nos recuerda en el evangelio (Mt 10,17-22) cuál debe la actitud de sus testigos. Entre ellos nos encontramos tú y yo.

El Señor nos habla de la confianza en el Espíritu Santo. Porque Él se encargará de poner en nuestros labios las palabras necesarias para que podamos dar testimonio de Aquel en Quien creemos. Además, hemos de abandonar el devenir de los acontecimientos en sus manos amorosas y providentes porque aún los que consideremos más negativos y perjudiciales, serán aprovechados por Él para hacer de la prueba una oportunidad para darLe a conocer.

En la docilidad al Espíritu Santo estriba todo. Por eso, si muchas veces al día rectificamos el rumbo intentando secundar sus inspiraciones, sabemos por la promesa del Maestro que cuando lleguen momentos de mayor dificultad seremos capaces de "apartarnos" para dejar las riendas a su Espíritu.

Sí, el que es fiel en lo poco lo es también en lo mucho. ¿O acaso piensas que Esteban no habría perdonado pequeñas ofensas, desprecios, olvidos... mientras desempeñaba su servicio en favor de aquella primera comunidad? Por eso pudo morir perdonando a sus enemigos.

Que su ejemplo nos aliente a seguir al Señor hasta el final seguros de que nunca, jamás, nos faltará la asistencia de Su Espíritu para ser y vivir según Él.






viernes, 25 de diciembre de 2015

Para llorar de alegría

La Misa del día de Navidad nos regala un año más el Prólogo del Evangelio de San Juan. Cada una de las palabras que contiene merecen una acogida silenciosa para que la realidad que nos comunican eche raíces en nuestro corazón constituyendo los cimientos de nuestra vida.

La Palabra, por Quien todo fue hecho, quiso hacerse uno de nosotros siendo luz en nuestras tinieblas. Y, asumiendo nuestra naturaleza, nos hizo partícipes de la suya. Desde el momento en el que entró en su mundo hizo a sus hermanos los hombres hijos de Dios. ¡Tú y yo; cada ser humano, es, somos desde entonces hijos de Dios!

Aunque, en su infinita misericordia que se arrodilla ante nuestra libertad, no se impone a nadie; a nadie obliga... a ser y a vivir como hijo suyo; nadie resulta "forzado" a asumir esta altísima dignidad. Porque se la concede únicamente a quienes desean acoger el regalo inmenso que es Su Hijo, Salvador de todos los hombres.

Piénsalo despacio permitiendo que el pensamiento baje al corazón: "siente el pensamiento; piensa el sentimiento", como nos diría aquel místico vasco-salmantino. Párate a considerar el mensaje que Juan nos da hoy de parte de Dios. Párate y prepárate para llorar de alegría re-estrenando la condición filial que te identifica; que es tu verdadera y única esencia ... ¡¡¡Feliz y santa Navidad!!! ¡¡¡Feliz y dichosa acogida de la Palabra que te hace hijo en Ella!!!



jueves, 24 de diciembre de 2015

La magnanimidad desbordante de Dios

No me acostumbro a leer este fragmento del segundo libro de Samuel (7,1-5. 8b-11. 16). En él se nos cuenta el deseo de David de construir al Señor un lugar digno para que habite entre su pueblo y la respuesta de Dios, siempre desproporcionada, a esa intención del rey.

Porque Dios nunca se deja ganar en generosidad y el que es Dueño de cielos y tierra se conmueve ante las ofrendas de nuestra pobreza colmándonos hasta límites insospechados a cambio de ese poquito con el que creemos honrarlo. Sí, David quiere construir una casa al Señor de Quien ha recibido todo lo que es y tiene. Y Dios le asegura que será Padre para su Descendiente y que su reino durará eternamente.

Ese Descendiente de David nos nace hoy. Y en Él somos tú y yo. Porque todos somos hijos en el Hijo. Este Misterio insondable que vamos a celebrar un año más, el Dios con nosotros que viene a traernos la liberación y a devolvernos el lugar de honor que corresponde al hijo, sólo admite la adoración silenciosa y la entrega de todo nuestro ser al que nos ha amado tanto.

¿Y todo esto? ¿A qué se debe este derroche de gracia inabarcable, insondable, que sólo podemos intuir a malas penas? La respuesta está al final del evangelio que se proclama en la Misa de esta mañana del 24 de diciembre (Lc 1,67-79): "Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte; para guiar nuestros pasos por el camino de la paz".

Que Él, el Príncipe de la paz, sea de verdad el Dueño único y absoluto de nuestras vidas. ¡¡¡Feliz y santa Nochebuena!!!



miércoles, 23 de diciembre de 2015

Nuestros "bautistas" personales.

Hoy, cercano ya el inminente nacimiento del Señor, la liturgia nos presenta la figura de su Precursor.

De él dice Malaquías (3,1-4; 4,5-6) que será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero, imágenes de la purificación que Dios mismo realiza en nuestra vida para hacernos capaces de Él. 

El evangelio (Lc 1,57-66) termina diciéndonos que todos los que se enteraron del nacimiento del Bautista reflexionaban y se preguntaban qué sería de ese niño que había venido al mundo de manera extraordinaria.

Al hilo de estas lecturas daba gracias al Señor porque no se ahorra ningún esfuerzo para preparar en cada uno de nosotros un "lugar" en el que habitar haciéndonos, en verdad, morada de Dios entre los hombres. Y le pedía que ojalá tú y yo sepamos ver en todos los acontecimientos de nuestro día, de nuestra vida, esas oportunidades de purificación y preparación que nos despojan de lo accesorio para que nos quedemos con lo verdaderamente esencial. Porque, no me cabe duda, cada cosa que sucede en y en torno a nosotros son esos "bautistas" que preparan y anuncian la venida del Señor.



martes, 22 de diciembre de 2015

Devolver todo a Dios

La lectura del libro primero de Samuel (1,24-28) nos presenta a Ana consagrando a su hijo al Señor. El hijo por el que tanto había suspirado y rogado a Dios es devuelto a Él por la buena madre en agradecimiento al don recibido de lo alto.

Otra mujer, María, en el evangelio de hoy (Lc 1,46-56) devuelve también a Dios toda la gloria porque lo que hay en Ella y Quien va a venir por Ella sólo es obra de Dios. Por eso da gracias y nos enseña a mirar a Aquel del que vienen todos los bienes, a agradecer todos sus dones y a devolvérselos porque sólo a Él pertenecen. Más adelante llevará María hasta la consumación su ofrenda, tantísimas veces actualizada a lo largo de su vida en mil y un detalles pequeños del devenir cotidiano, cuando asista a la muerte del Hijo sosteniendo su agonía al pie de la Cruz.

Considerando estas cosas pensaba que es éste un buen día para mirar todo lo bueno que hay en nosotros y devolvérselo al Señor para que Él haga con todo eso lo que quiera. Estoy segura de que, si pides ayuda a Su Espíritu, te dirá qué y cómo hacer...



lunes, 21 de diciembre de 2015

Una seguridad realista

Me quedaba esta mañana con dos versículos del salmo 32 que dicen: "El plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad". Merece la pena detenerse en ellos...

Detenerse para que esta Palabra que Dios nos dirige hoy a ti y a mí cale hasta el fondo de nuestro ser y desde ahí alimente nuestra vida y nuestra esperanza.

Nuestro Dios es un Dios que salva. Ese es su proyecto fundamental para el mundo y para cada uno de nosotros. Por eso podemos tener la completa seguridad de que hará que todo, absolutamente todo, coopere a la realización de este plan. ¿Todo? ¡¡¡Sí!!! ¡¡¡Todo!!! Porque es todopoderoso y puede sacar el bien del mal. Por eso aún lo peor "le sirve" para llevar a cabo su plan. Esto, te lo aseguro, sólo puede hacerlo Él.

Podemos vivir tranquilos tú y yo pase lo que pase fuera y dentro de nosotros porque el plan del Señor subsiste y se cumple siempre. Y su proyecto es un proyecto de plenitud y salvación.



domingo, 20 de diciembre de 2015

¡¡¡Dichosa tú, Madre nuestra, porque creíste!!!

Hoy San Lucas nos recuerda la visita de Nuestra Madre a su prima (1,39-45). Y hoy, como entonces, viene María, a ti y a mí, con amor diligente, a traernos el mismo Espíritu del que quedó llena Isabel porque también a ti y a mí nos visita hoy con la Palabra encarnada en su seno ya a punto de ver la luz.


El mismo Espíritu Santo que fecundó sus entrañas hará en nosotros el milagro de arrancar de nuestros corazones lo que afirma la carta a los Hebreos (10,5-10) dijo el Hijo que ya nos va a nacer cuando entró en el mundo: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad"; para dejar que ella se cumpla en cada uno de nosotros como lo hizo en Su Madre.


Dichosa y bienaventurada eres, Señora, porque has creído. Sí, porque como aquel día te dijo Isabel, creíste que se cumpliría lo que te había dicho el Señor. Aquel día es lejano y cercano a la vez; se conjuga en pasado y en un presente actualísimo porque sabemos que para ti esto sucedió, además de ayer mismo -el amor no sabe de "pasados"-, hoy y ahora, cada vez que asistes dichosa al cumplimiento del plan de Dios en cada hijo suyo y tuyo que, gracias a tu "Sí" dice hoy su "sí"; ese "sí" al designio amoroso del Padre sobre su vida que Tú, Señora, sostienes y alientas con amor de Madre.






sábado, 19 de diciembre de 2015

El que hace surgir la vida de la nada

Hoy la liturgia nos invita a contemplar el poder de Dios, para Quien no hay nada imposible, haciendo surgir la vida de vientres estériles: el de Isabel (Lc 1,5-25) y el de la mujer de Manóaj, madre de Sansón (Jueces, 13,2-7. 24-25a). También de una virgen, María, que había renunciado a la maternidad, Dios regala al mundo a su Hijo, el Salvador...

Esto me hacía pensar que ese Dios todopoderoso, cuyos designios se cumplen siempre, sigue actuando hoy como ayer, en tu vida y en la mía, haciendo maravillas con nuestra pobreza, de la que siempre saca vida. Sí, nuestra debilidad y fragilidad; nuestras limitaciones y defectos; nuestras impotencias y fracasos; hasta nuestro pecado, son transformados por un Dios que es capaz de hacer surgir vida   de todo eso, en principio negativo, para nosotros y para el mundo. Sólo pide nuestra colaboración aceptando lo que nos limita, luchando contra lo que nos separa de Él y dejando  todo reposar en sus manos poderosas. Es más, todas esas flaquezas son las que le permiten ser Dios en tu vida y en la mía.

Ojalá que tú y yo nos creamos esto y pongamos los medios para experimentarlo. Porque te aseguro que es verdad...





viernes, 18 de diciembre de 2015

¡¡¡Despierta!!!

Hoy nos cuenta Mateo cómo fue la concepción de Jesús (1,18-24). El relato se detiene en la figura de José, el hombre bueno, esposo de María.

Cuando José despertó del sueño en el que le había sido revelado el misterio que escondían las entrañas de María, se la llevó a su casa.

Imagino al Santo Patriarca deshecho por todo lo que estaba viviendo sin comprender; lo imagino vencido por el sueño, con el cansancio que produce la toma de una decisión difícil, muy difícil... ¿Acaso no nos hemos visto tú y yo en situaciones, al menos, parecidas? Pero Dios no tardaría en hacerle entender la misión que le había encomendado dándole la luz suficiente para dar el paso siguiente: llevarse a María a su casa. Con esto debe bastarnos, como le bastó a él, para avanzar al paso de Dios...


Sí, la liturgia nos invita hoy a despertar del sueño porque nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. Y yo añado: a despertar con José. Vamos a contemplar a María, a lo largo de la jornada, desde sus ojos; vamos a acariciarla con sus caricias y sonreírle con su sonrisa. Él, el hombre justo, nos enseñará a penetrar el misterio de la encarnación mirando a su esposa, que es Madre nuestra; con él aumentará nuestra fe a medida que contemplamos la belleza del vientre abultado de María, vientre dichoso y bendito que acogió a la Palabra después de haberla engendrado en el corazón por la confianza en los planes de Dios.


¡¡¡Ya es hora de despertar!!! Ojalá tú y yo despertemos hoy con José y vivamos con él todo este día que el Señor nos regala.



jueves, 17 de diciembre de 2015

El Señor de la Historia

Hoy San Mateo nos regala un año más el relato de la genealogía de Jesús (1,1-17) para recordarnos que el Dios-con-nosotros se hizo, de verdad y con todas sus consecuencias, uno de los nuestros. Idéntico en todo a sus hermanos, excepto en el pecado.

¡¡¡Qué ternura la de nuestro Dios asumiendo nuestra débil naturaleza para elevarla como lo hizo!!! Porque desde que Dios es Hombre en Jesús tú y yo somos dioses en el Hijo en Quien somos, vivimos y existimos. Sí, cuando el Padre nos creó, tenía a Jesús como modelo y según Él nos modeló. Y nos regaló la vida para que, libremente, en colaboración con su gracia, fuéramos creciendo y dejando ver en nosotros la imagen de su Amado Hijo por Quien y en Quien fuimos hechos.

El "León de Judá" vino a traer la justicia a la tierra; y su justicia es la misericordia. Porque es justo, Dios se muestra precisamente como lo que es: Amor. Un Amor que tomó carne y sangre de una Doncella desposada con José, varón justo, que dijo "Sí" a los planes de Dios en su vida cambiando la Historia de la humanidad. A Ella le debemos que su Jesús, nuestro Jesús, sea en verdad el Señor de la Historia y de tu historia y la mía...





miércoles, 16 de diciembre de 2015

Curados y salvados por el único Dios

La Palabra dada a Isaías asegura de parte de Dios la salvación a los que lo reconocen (Isaías 45,6b-8. 18. 21b-26). Sí, nuestro Dios es el único Dios y es un Dios que salva.

En Jesús, Hijo del Padre, esa Palabra tomó carne y sangre y llevó a plenitud la salvación de Dios, es misma salvación que ya había experimentado su pueblo en las múltiples intervenciones que tuvo en su historia defendiéndolos de sus enemigos, liberándolos del cautiverio, guiándolos en su camino hacia la tierra de promisión...

Dios siempre actúa y siempre lo hace salvando, rescatando, curando. El Antiguo y el Nuevo Testamento son, precisamente, los testigos elocuentes de esa salvación de Dios que alcanza su punto álgido en Jesús a quien hoy vemos curando y apelando a esas obras suyas para que los discípulos del Bautista Le reconozcan como el que había de venir (Lc 7,19-23). 

Te invito a que mires hoy a tu vida para descubrir el ella, a la luz del Espíritu, las intervenciones de tu Dios Salvador. Contempla en silencio y verás, con claridad meridiana, que la misma historia que Dios hizo con su pueblo y que Jesús culmina con su venida al mundo, la está haciendo contigo. Contempla... y agradece...

martes, 15 de diciembre de 2015

Rectificando el rumbo

Meditando el evangelio de hoy (Mt 21,28-32) no he podido dejar de verme reflejada en el hijo que se niega a obedecer a su padre en un primer momento, pero que luego se arrepiente y decide hacer lo que le han pedido.

Pienso que tu vida y la mía son un poco esto: un continuo comenzar y recomenzar rectificando el rumbo y diciendo "sí" donde primero dijimos "no". 

Por eso te propongo que, juntos, demos gracias a Dios por todas las gracias que ha derramado, derrama y derramará sobre nosotros capacitándonos para responder a sus llamadas. Así va llevando nuestra vida a la plenitud que ha preparado para los que Él ama, es decir, para ti y para mí.

Nuestro Dios es tan bueno que nos dice con Sofonías (3,1-2. 9-13) que arrancará de nuestro interior nuestras soberbias bravatas para que no nos avergoncemos de las obras con las que Le ofendimos. Él nos hará capaces de reconocer esta gracia suya haciéndonos humildes y confiados. Porque ¿desconfiaremos del que todo lo puede y que, además, es Nuestro Padre?



lunes, 14 de diciembre de 2015

Un Don para ver, caminar, hablar o callar según Dios

El libro de los Números señala, a modo de introducción a los oráculos de Balaán, que el Espíritu vino sobre el profeta. Fue este Espíritu el que iluminó los ojos de su corazón permitiéndole ver la gloria de Israel cuando lo que en realidad tenía ante sus ojos era un pueblo acampado en tierra extranjera.

Ese mismo Espíritu el que enseña los caminos de Dios a los que se reconocen necesitados de luz y orientación (Sal 24) y desean vivir según la voluntad del Padre.


También es el Espíritu de Jesús el que indica qué hay que decir, cómo y cuándo decirlo y cuándo conviene callar. 

Siendo dóciles a Él nos conduciremos imitando al Maestro en su prudencia y sagacidad (Mt 21,23-27). Sí, el Dulce Huésped del alma hará posible que nuestra mirada trascienda lo que se presenta ante nuestros ojos para descubrir en esa visión a larga distancia los planes de Dios; Él nos mostrará el camino cuando estemos dispuestos a descubrirlo para andarlo; Él pondrá en nuestro corazón qué y cómo tenemos que decir llegado el momento y cuándo será mejor guardar silencio. 


Por eso pedir la venida del Espíritu Santo es pedir tanto... ¡Mejor! Es pedirlo todo.



domingo, 13 de diciembre de 2015

¡¡¡Alégrate!!!

Hoy, tercer Domingo de Adviento, es el Domingo de la alegría. La llamada de la liturgia en este día es clara: ¡¡¡alegraos!!!

Sí, nos alegramos porque Dios ha traído el perdón a la tierra y nos ha librado de esos enemigos que nos impiden reconocer esta buena noticia; nos alegramos porque Él está en medio de nosotros salvándonos; nos alegramos porque nos ama y se goza y complace en ti y en mí, en todos los que deseamos acogerlo aunque no sepamos muy bien cómo hacerlo y también en los que lo rechazan porque dejarán de hacerlo (Sofonías, 3,14-18a). 

Nos alegramos porque Dios está cerca. Sí, en Jesucristo se ha hecho uno de nosotros sin dejar de ser Dios. Nada tiene que preocuparnos porque el Señor ha hecho propia la causa de los pequeños. Nada debe preocuparnos porque sabemos que, dejando todo eso que nos pesa y aplasta en Sus manos, sacará de cada cosa un bien para nosotros infinitamente mayor que el sufrimiento que nos produce. Así, presentando todo a Dios Padre por medio de Jesús seremos colmados de Su paz (Filipenses 4,4-7).

Alégrate porque lo que te parece imposible e inalcanzable por tus propias fuerzas se hace posible por el Espíritu que mora en ti y en mí regalándonos sus dones y sus frutos. Sólo necesita para actuar en nosotros que le demostremos, en la medida pequeña de nuestras pequeñas posibilidades, que realmente queremos ser suyos.

Alégrate como se alegran los niños que descansan en una continua alegría por la confianza en sus padres, que es confianza en Dios aunque no lo sepan. ¡Mejor! Sé que sí lo saben. Porque Dios se revela a los pequeños... 

¿Que por qué sé esto? Verás... Termino contándote algo bonito. Una buenísima amiga es psicóloga y, entre otras "cosas", acompaña a niños enfermos de cáncer. De ella he escuchado anécdotas preciosas que son testimonio del cuidado, del mimo,  de la cercanía que Jesús tiene con estos predilectos suyos con quienes se comunica sin dificultad.

Alégrate con esa alegría a prueba de pruebas que nos enseñan estos niños que se enfrentan al abismo de la muerte con una sonrisa indeleble en los labios y en el corazón porque saben que los brazos de Jesús esperan para abrazarlos. ¡¡¡Alégrate en todo y por todo porque Dios es Dios-contigo!!!



sábado, 12 de diciembre de 2015

El éxito de un proyecto... a pesar de todos los pesares

Al leer esta mañana el evangelio que la liturgia nos propone hoy (Mt 17,10-13) no he podido evitar quedarme con la frase con la que el Señor se refiere al "maltrato" que los hombres han dado a Elías. Tomando pie en ella, anuncia su propio padecimiento a manos de los hombres.

Dice Jesús que Elías ya vino y que "lo trataron a su antojo". Eso mismo hicieron con Él y eso seguimos haciendo hoy los que pretendemos ser sus seguidores cuando nuestras obras van en la dirección contraria a la vida que vivió aquel que es nuestro Modelo.

Por todo esto mi oración hoy está fluyendo sobre dos cauces paralelos. El que discurre sobre la propia vida y el que lo hace por las vidas ajenas. Pido al Señor que las aguas que circulan por el primero sean siempre aguas de autocrítica y arrepentimiento. Ojalá que tú y yo, al menos, seamos capaces de recibir la luz del Espíritu que ilumina nuestro día para que descubramos las incoherencias de nuestra vida, pidamos perdón por ellas y nos apoyemos en su gracia para subsanarlas. Al hilo de esta idea venían a mi corazón las palabras del Salmo 68: "Dios mío, tú conoces mi ignorancia, no se te ocultan mis delitos. Que por mi causa no queden defraudados los que esperan en ti, Señor de los ejércitos". 

El segundo cauce es el de las aguas que discurren por las vidas de quienes tenemos cerca. Cuando es en ellas donde descubrimos esa suerte de esquizofrenia entre lo que dicen y lo que hacen, es el momento de dar gracias a Dios porque nos permite sufrir y padecer esas incongruencias que Él mismo padece. Y es que, a los que deseamos vivir en Jesús, de Jesús y para Jesús cualquier circunstancia, por triste o molesta que pueda ser, nos sirve para colaborar en la instauración de su Reino. Unas veces podremos trabajar por él; siempre podremos orar para que se implante; y en unas poquitas ocasiones se nos brindará la ocasión de poder sufrir con Jesús el que las cosas no sean como Él las ha querido. ¿Vamos a desaprovechar esta oportunidad de acompañarLe en los "momentos bajos"?

Pido a la Virgen que cuando su Hijo, en un gesto de confianza inmerecida en ti y en mí, pida nuestro apoyo para sufrir en nosotros y junto a nosotros lo que no va en los demás porque desdice de su condición de seguidores del Maestro, nos alegremos de poder compartir los mismos sentimientos de su Jesús. Que Él haga que la decepción lógica ante unos comportamientos que no podemos justificar ni cambiar nos sirva para descubrirLe sufriente en esa persona maltratada de un modo u otro por uno de los suyos; para que aumente nuestra confianza en que, en estos casos  será Él mismo Quien saldrá por sus "pobres". Y que, por encima de todo y a pesar de todo, vaya tomando cuerpo en nosotros una certeza tan real como la vida misma: que sus planes de salvación y plenitud para cada uno de sus hijos triunfarán siempre por muchos obstáculos que nosotros les pongamos.



viernes, 11 de diciembre de 2015

Un pupitre en primera fila

Isaías 48,17-19 nos recuerda hoy que el Señor no deja de estar a nuestro lado enseñándonos cómo debemos vivir si queremos tener una vida plena; indicándonos el camino a seguir para alcanzar la paz y la santidad, para ser fecundos en Su Presencia.

Sí, como reza el Salmo 1, el Señor es la luz de la vida. Una luz que se hace presente hoy y ahora, para ti y para mí, en el Pan de la Eucaristía, en Su Palabra y en los acontecimientos, menudos e insignificantes tantas veces, que nos depara este nuevo día. 

Y es que, si aprendemos a mirar con intención de ver todo en clave de fe, descubriremos que todo lo que va a suceder hoy a nuestro alrededor es manifestación de la Sabiduría de Dios (Mt 11,16-19). Porque la Sabiduría es la Palabra, Jesús, por Quien fue hecho todo y Quien mantiene todo en la existencia; el Soberano del universo que gobierna todo reconduciéndolo para que se cumpla el plan de salvación del Padre sobre los hombres; Ese mismo que no dejará pasar ninguna oportunidad para enseñarnos lo que hoy nos ayudará a conocernos mejor y, por eso, a conocerLe a Él. Para esto se servirá de cada cosita, de cada suceso, de todo lo que acontecerá en nuestro día.

Ojalá tú y yo, de la mano de la Virgen, ocupemos uno de los pupitres de la primera fila en esta Escuela del Espíritu Santo que es la vida que Dios nuestro Padre nos regala para que la vivamos a tope.



jueves, 10 de diciembre de 2015

Él te lleva de la mano

La lectura de Isaías (41,13-20) es una manifestación de la ternura con la que Dios mira, cuida y sale por sus hijos. "No temas", te dice hoy el Señor, "yo mismo te auxilio". Por tres veces repite este mensaje de parte de Dios el profeta.

El Señor nos dará la fuerza para vencer en nuestras luchas; colmará los deseos de nuestro corazón... Nunca nos abandonará y nos responderá cada vez que acudamos a Él. Todo esto nos dice hoy sirviéndose de Isaías el que no miente y jamás falla.

Si tienes oportunidad a lo largo del día, no dejes de paladear esta lectura. Cuando Dios mandó escribirla al autor sagrado estaba pensando en ti y en mí; en ser hoy nuestro consuelo y nuestra esperanza, nuestra fortaleza y nuestro valor para afrontar lo que venga. Ojalá sepamos disfrutar y valorar estos detalles de amor infinito que el Señor no deja de tener con nosotros. Ojalá aprendamos a valorar lo que significa que cada día nos abrace y aliente con Su Palabra.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Volando como las águilas

San Mateo recoge la llamada del Señor a todos los cansados y agobiados para que acudan a Él buscando en Él su alivio (11,28-30).

A continuación, Jesús nos dice a todos que aprendamos de su mansedumbre y su humildad porque ellas son fuente de descanso. Y pensaba que el manso es el que espera paciente y sosegadamente, el dócil que se muestra suave y tranquilo mientras acepta todo lo que le va deparando la vida, sea del sigo que sea, porque sabe que su Padre vela por Él y que nunca permitirá una prueba sin antes darle la gracia para superarla. El humilde es el que se sabe necesitado y pide lo que no puede lograr por sus propias fuerzas a Quien todo lo puede.

Sí, como asegura Isaías en la primera lectura (40,25-31) el Señor no solo no se olvida de nosotros, aunque a veces nos lo parezca, sino que es Él Quien nos da la fuerza cuando estamos cansados, vigor cuando nos sentimos inútiles para casi todo... De aquí arranca la propuesta de Jesús en el evangelio: esperar en Él aceptando con paciencia lo que vaya sucediendo y acudir a Su presencia pidiéndoLe su ayuda cuando sintamos que no podemos más. Él se encargará de renovar nuestras fuerzas y nos dará alas como de águila para que corramos por sus caminos sin cansarnos y marchemos tras Él sin fatigarnos.




martes, 8 de diciembre de 2015

¡¡¡Gracias, Madre!!!

Hoy es un día para dar gracias a Dios por Nuestra Madre, porque a Ella debemos la inauguración de la nueva creación. Sí, con María y en María comienzan a verse los frutos granados de la salvación que el Dios-con-nosotros vino a traer a la tierra haciéndose uno de los nuestros.

Y hoy, mirando a la lectura del Génesis (3,9-15.20.), tenemos de dar gracias con la Virgen por la bondad de Dios que hizo de la desobediencia de nuestros primeros padres ocasión para darnos al Redentor que llevaría a la humanidad a la altura, jamás imaginada ni soñada, del mismo Dios. Porque en Jesús el Padre nos hizo partícipes de su naturaleza divina.


Gracias contigo y por ti, Madre nuestra, porque tu "Sí" hace posible, alienta, sostiene nuestros pobres "síes"; esos que tratamos de pronunciar muchas veces cada día a las llamadas de Dios pero que son tan pobres, tan raquíticos, tan pequeños... Gracias, Madre, porque por el tuyo se hacen consistentes, auténticos... capaces de Dios.


Sí, Madre, tu "Sí" hace en cada uno de nosotros posible el milagro de engendrar a Jesús aceptando Su Palabra y de darlo, como tú misma nos los diste y nos lo sigues dando, a los que tenemos alrededor. Porque tu "Sí", que sostiene los nuestros, nos enseña y ayuda a dejarnos transformar por esa Palabra que meditamos, viva y eficaz para realizar lo que pronuncia, en eso que contemplamos, Jesús, tu Hijo y Hermano nuestro por tu generosidad inmensa.

Hoy queremos pedirte, Madre Inmaculada, que nos regales un poquito de tu docilidad al Espíritu para dejarnos transformar por Él en otros "cristos"; hoy deseamos que nos des tu mirada maternal para descubrir a tu Hijo en los de cerca y en los de lejos.

¡¡¡Felicidades, Madre Inmaculada!!! Gracias por haber hecho posible la re-creación de todo lo que salió de las manos del Creador. Gracias porque esa re-creación ha superado a la primera y tú eres su aurora.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Un viento que impulsa hacia Dios

Isaías adelanta los "signos" de los tiempos mesiánicos (35,1-10): desiertos y yermos florecerán; los ciegos verán, los sordos oirán...; se abrirá una senda por la que los redimidos regresarán del destierro que los mantenía lejos... Todo será alegría; la pena será desterrada.

Y san Lucas nos relata en el evangelio de hoy (5,17-26) la curación del paralítico: Jesús inaugura esos tiempos nuevos anunciados por el profeta. Él es la senda que nos devuelve al Padre. Y puntualiza Lucas, a modo de introducción al relato, que "el poder del Señor lo impulsaba a curar".

Sí, Dios se encarna para curarnos. Lo único necesario para que su curación y liberación se produzcan -porque Jesús, al sanar las dolencias corporales, está queriendo dar a conocer la liberación del pecado que es la peor "enfermedad"- es que Le dejemos; que poniéndonos frente a Él tal y como somos, sin ocultar ni disimular nada, no opongamos resistencia ante su acción en nuestra vida. Porque, aunque pueda parecer extraño, a veces no queremos que nos despojen de nuestras esclavitudes...

Los amigos del paralítico sortearon todo tipo de obstáculos para colocar al enfermo frente a Jesús. ¿Ves? El Maestro sólo pide que hagamos todo lo que está en nuestra mano para obtener la curación. Eso, remover los obstáculos, es ya un signo de fe. 

Ojalá que nos dejemos mover por ese mismo poder del Espíritu que movía a Jesús a curar para ponernos frente a Él estemos como estemos. Seguros de que nuestra sinceridad con nosotros mismos es la llave para que su poder nos rescate de lo que nos limita, constriñe y esclaviza.



domingo, 6 de diciembre de 2015

El camino del encuentro

Entra hoy en escena, de la mano de San Lucas (3,1-6), otra gran figura del Adviento: Juan Bautista.

El Precursor predica un bautismo de conversión pidiendo a aquellos que quieren que sus pecados sean perdonados que preparen un camino al Señor, que allanen sus senderos. Y continúa el evangelio refiriendo los oráculos de Isaías: “Elévense los valles; desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”.

Todo esto que en Isaías es una llamada para la preparación oportuna que nos permita “ver” al que viene trayendo nuestra liberación, aparece como una realidad que el Señor regala como don en la primera lectura del profeta Baruc (5,1-9). En ella se nos invita a dejar el vestido de luto y aflicción para vestir las galas perpetuas de gloria que Dios nos da. ¡Fíjate bien! ¡¡¡Que Dios nos da!!! Ese mismo Dios, continúa diciéndonos el profeta, ha mandado que nuestros caminos se allanen para que podamos caminar a su encuentro por ellos con seguridad sabiendo que es el mismo Señor quien nos guía.


¡Vamos a levantar hoy nuestros corazones a Él! ¡Vamos a dejar que se esponjen con la esperanza del cumplimiento de su promesa de liberación y salvación! Porque, como nos ha dicho San Pablo en su carta a los Filipenses (1,4-6. 8-11) el que empezó en nosotros una empresa buena –la de elegirnos para mantener con nosotros una relación de intimidad a través de la cual nos da una vida verdadera, abundantísima- la llevará adelante. Y tú y yo, que deseamos con toda el alma que su Palabra se cumpla en nosotros, ¿no vamos a confiar en Quien nos ha hecho para que vivamos su propia vida?



sábado, 5 de diciembre de 2015

El "arte" de saber esperar

De nuevo Isaías nos anuncia la llegada de los tiempos mesiánicos, esos que traerán a los hombres la respuesta de Dios a su llanto, la orientación en sus desconciertos y extravíos, la abundancia de bienes, la curación para sus heridas... (Is 30,18-21. 23-26).

Con la llegada de Jesús a la tierra, Dios-con-nosotros, se inauguró este tiempo de salvación como cuenta Mateo en el evangelio de hoy (9,35-10). Desde entonces Él, el Maestro, no se oculta a nuestros ojos; su voz firme y serena nos indica el camino que debemos seguir para alcanzar la propia plenitud y ayudar a los demás a lograrla; para devolver toda la creación al Creador y Padre de todos cuidando de ella y trabajándola para que dé a Dios toda la gloria.

Jesús vino en humildad y regresará al final de los tiempos en gloria y majestad. Pero mientras esto llega, hay una venida -o muchas!- intermedia: esa en la que nos visita en fuerza y espíritu sosteniéndonos en el deseo de escuchar su voz, descubrirLe en todos y en todo, vivir como Él vivió. Sí, cada día Él venda nuestras heridas, nos cura las llagas de los golpes de la vida, reconduce nuestros pasos cuando nos desviamos del camino, trabaja en y a través de nosotros para que recreemos su creación preparándola para que regrese a Él.

Entre su primera venida y la última, en estas otras que cada día tienen lugar muchas veces en tu vida y en la mía, sólo tenemos que aprender un "arte": el de saber esperar. Porque todo lo que Él ha previsto para tu salvación y la mía llegará y se dará... a su debido tiempo.




viernes, 4 de diciembre de 2015

Buscando a Jesús... con nuestros sentidos

Merece la pena disfrutar y paladear a lo largo del día la lectura de Isaías que hoy propone la liturgia (29,17-24). Es un canto a la esperanza por el cumplimiento seguro de las promesas del Señor.

Hoy Jesús quiere abrir nuestros oídos para que escuchemos Su Palabra; hoy quiere abrir nuestros ojos, tal y como hizo con aquellos dos ciegos (Mt 9,27-31), para que contemplemos sus maravillas.

Sí, le escucharemos cuando tomemos Su Palabra dispuestos a dejarnos iluminar por el Espíritu Santo para descubrir qué quiere decirnos hoy, aquí y ahora. ¿Sabías que nuestro Dios es un gran conversador y que nada le gusta más que mantener una buena charla con sus hijos? ¿Cómo podemos decir que el Señor no nos habla? ¡¡¡Si no deja de hacerlo...!!! Toma Su Palabra, léela, medita y habla con Él.

Sí, contemplaremos sus maravillas si estamos atentos a lo que sucede a nuestro alrededor. Porque ahí actuará, discreta pero efectivamente.

Y no te preocupes si hoy, aunque lo intentes y se lo pidas, no lo escuchas ni lo ves. Basta con saber que Él habla y actúa. Puedes estar seguro de que, a su debido tiempo -que es el suyo y no el nuestro-, escucharás y verás.



jueves, 3 de diciembre de 2015

Para entrar en la Ciudad de Dios

Isaías nos habla hoy de que la confianza en el Señor es el mejor fundamento para la vida del hombre (26,1-6). La confianza es la llave que abre la ciudad fuerte que el Señor ha construido para nosotros. Y esa ciudad, protegida por murallas y baluartes, será conquistada por ti y por mí gracias a los frutos de esa confianza en Quien nunca defrauda. El profeta señala dos: un ánimo firme y una paz que se mantiene a pesar de todos los pesares.

Jesús, en el evangelio de Mateo (7,21.24-27) nos dice cómo entrar en esa Ciudad de Dios: haciendo la voluntad del Padre. ¿Cómo descubrirla y cómo realizarla? La descubriremos en su Palabra que meditamos cada día. Esa Palabra es viva. El mismo Espíritu que la inspiró iluminará los ojos de nuestro corazón cuando la leamos para que podamos aplicarla a nuestra vida de hoy y ahora. Además, esa Palabra es eficaz: realiza lo que significa porque es Palabra de Dios. Para producir sus efectos sólo necesita que le des tu consentimiento. Así que más que realizar la voluntad de Dios es permitir que ésta se cumpla en nosotros...

La confianza en la Palabra viva que es Jesús y que se nos da y se nos comunica haciéndonos interlocutores válidos del mismo Dios, dará firmeza a nuestro ánimo y paz en lo más hondo de nosotros mismos. Esa Palabra, Jesús, nos dirá cómo vivir en la voluntad del Padre edificando nuestra vida, si le dejamos, sobre la Roca que es Él mismo. Así, venga lo que venga, no vacilaremos y nos sentiremos seguros y protegidos en esa ciudad fuerte que ha construido para nosotros.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Esperando a sus pies

Hoy Mateo nos cuenta la multiplicación de los panes y de los peces (15,29-37). Pero esta mañana me voy a quedar en otro detalle de este fragmento de su evangelio.

Dice el apóstol que llevaban muchos enfermos a Jesús y los dejaban a sus pies. El Señor los curaba... Así, sin más: ni palabras, ni ruegos, ni insistencia... Sólo con ponerlos a sus pies resultaban curados, librados, salvados de eso que les hacía sufrir.

Y pensaba que así tenemos que hacer tú y yo cuando estemos pasando por momentos bajos. La mayoría de las veces no nos encontraremos mal por grandes cosas; puede que simples tontadas nos hagan sentir incómodos dentro de nosotros mismos. ¿Sabes por qué? Porque cuanto más insignificantes son las cosas que nos hacen perder el equilibrio, más conscientes somos de nuestra propia precariedad, de nuestros límites, de nuestras debilidades...

Cuando te pase esto no le des muchas vueltas. Busca a Jesús y ponte a sus pies con toda esa carga que te hace desear ser de otra forma; que te lleva a querer con toda el alma que esas "cositingas" no te afecten... Quédate ahí y espera. Espera confiado en que Él te curará y te liberará ayudándote a aceptarte y quererte tal y como eres.



martes, 1 de diciembre de 2015

Ser la alegria de Jesús

Meditando esta mañana el evangelio (Lc 10,21-24) pensaba lo mucho que alegra a Jesús la apuesta de su Padre por la sencillez. Sí, al comprobar que el Padre revela su intimidad y sus secretos a la gente sencilla, Jesús hace una acción de gracias plena desbordando la alegría del Espíritu Santo.

Jesús se recrea y disfruta en y con la sencillez. Por eso eligió vivir como vivió. Por eso se escogió la más sencilla de entre todas las mujeres para que fuera su Madre. ¿Imaginas con qué orgullo y satisfacción la contemplaría durante las jornadas pacíficas y silenciosas del hogar de Nazaret?

La vida, si aprendemos a vivirla bien, es una escuela de descomplicación. A medida que avanzamos en ella, si procuramos vivir según el evangelio, nos vamos haciendo más sencillos. Y conforme nos vamos descomplicando, descubrimos la intimidad del Dios que resiste a los soberbios.

Vamos a pedir junto a María que nos haga sencillos como Ella. Que la Madre nos capacite para recibir la revelación de Dios. Que haga posible que Jesús, su Hijo, se forme en nosotros como lo hizo en Ella. Y que, por nuestra sencillez, muchos puedan descubrirLe en los que deseamos amarLe por encima de todo.





lunes, 30 de noviembre de 2015

Déjate desenredar

Hoy, día de San Andrés, la liturgia nos propone el evangelio de Mateo para que contemplemos la llamada de este hombre de Betsaida que dejó todo para seguir al Maestro (4,18-22).

Leyendo esta mañana el pasaje consideraba la inmediatez con la que Andrés y Pedro -también Santiago y Juan- dejaron lo que tenían entre manos para irse con Jesús. "Inmediatamente", "inmediatamente"... Este adverbio resonaba en mi cabeza y en mi corazón. Y pensaba que, del mismo modo que Andrés no se dejó enredar por las redes sino que las soltó con rapidez para empezar una etapa nueva de su vida, tú y yo somos llamados cada día muchas veces por Jesús -hoy también- para que no nos dejemos enredar por lo que nos ocupa y, libres de estorbos, le sigamos. 

Ojalá que hoy tú y yo no nos quedemos "enganchados" en nuestras ocupaciones, en ese incidente que nos ha molestado o en ese otro que nos ha llenado de alegría, sino que, a partir de ellos, elevemos nuestro corazón a Jesús dispuestos a escuchar su voz que nos llama para que coloquemos cada cosa en su lugar, para que otorguemos a cada suceso, encuentro o desencuentro, su justa medida. Así todos y todo serán motivo para seguir a Jesús que está a nuestro lado y quiere que vayamos tras Él.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Esperando la salvación

Comenzamos hoy, un año más, el tiempo de Adviento. Tiempo de espera preñado de esperanza. Esperanza cierta en el cumplimiento de la promesa de nuestra propia salvación porque nuestro Dios es un Dios que salva. Sí, Él no se despreocupa de la Historia ni de tu historia y la mía, no... Dios se ha encarnado entrando en la Historia para conducirla hacia su plenitud, esa que soñó desde el comienzo de los tiempos. Con el mismo amor, delicadeza, cuidado y esmero guía la historia de cada uno de sus hijos hasta el momento en que su salvación para ellos sea plena y definitiva.

Mientras llega ese momento toca esperar el cumplimiento de la promesa en una confianza esperanzada envuelta en paz. La paz que el Príncipe de la Paz ha venido a traer al mundo; a tu vida; a la mía. Dios, que nos llamó a participar en la vida de su Hijo es fiel y no permitirá que su llamada se frustre.

Esperamos el cumplimiento definitivo de su llamada. Y esperamos velando: velamos orando y oramos velando. En algunos momentos oraremos de manera expresa, habiendo dejado aparcado todo lo demás, para recordarnos a nosotros mismos lo esencial permitiendo al Espíritu obrar en nuestro interior. En otros, todos los demás, oraremos de manera implícita en cada momento de nuestro día viviendo de la energía y gracia que Dios nos regala cada vez que viene a nosotros en la Eucaristía, en su Palabra, a través de una persona o de un acontecimiento.

Hoy pido para ti y para mí la gracia de permanecer bien despiertos pidiendo la fuerza que necesitamos para hacer frente a los envites de la vida, para mantenernos en pie ante el Hijo del hombre 

¡¡¡Feliz comienzo de Adviento!!! ¡¡¡Feliz y dichoso tiempo de espera!!!