lunes, 24 de octubre de 2016

La iniciativa es de Dios

Hoy Lucas relata la curación de la mujer encorvada mientras Jesús predica en una sinagoga (13,10-17). Los detalles que nos da el evangelista son reveladores: en esta ocasión la mujer no se acerca a Jesús a pedirLe el milagro. Simplemente estaba allí. La iniciativa parte de Jesús que la ve y la llama para anunciarLe que queda libre de esa enfermedad que duraba ya dieciocho años.

Y pensaba que Jesús muchas veces se conforma con que estemos en Su "radio de acción"; nada más... y nada menos. Él siempre nos ve y nos llama. Nosotros sólo tenemos que acercarnos y escuchar sus palabras sanadoras, liberadoras.

Piensa cómo puedes hoy "dejarte ver" por el Señor; pídeLe que te conceda la gracia de "estar". Y escucha su llamada, esa llamada que únicamente pretende liberarte de todo eso que te ata.



domingo, 23 de octubre de 2016

La pobreza que enamora a Dios

El Evangelio de Lucas (18,9-14) nos presenta hoy la parábola de Jesús que recoge dos modos muy distintos de orar: la oración del fariseo, que se cree por encima de todos los demás por considerarse mejor que ellos, y la del publicano, que se considera un pecador.

Muchas cosas puede sugerirte hoy el Espíritu del Señor si te detienes a paladear estas palabras en Su Presencia. ¡Con cuántas enseñanzas nos enriquece el Paráclito si sabemos hacer silencio para escuchar lo que tiene que decirnos!

Mira al fariseo, que invierte su "tiempo" de oración para mirarse a sí mismo y compararse con los demás. Observa atentamente la actitud del publicano, que se desnuda ante Dios sin reparar en nada más. Y pide, para ti y para mí, esta sencillez y esta verdad que nos permitan descubrirnos ante Dios como lo que somos: pobres pecadores que necesitan Su compasión y Su amor incondicional para seguir viviendo.



sábado, 22 de octubre de 2016

Dejándonos cuidar

Hoy san Pablo nos recuerda en su carta a los Efesios (4,7-16) que a cada uno se nos ha dado la gracia  necesaria para que podamos cooperar en la edificación del Cuerpo de Cristo. Así, respondiendo a esa gracia, vamos creciendo hacia el Señor, Cabeza de ese Cuerpo del que formamos parte, al mismo tiempo que hacemos crecer a los demás y todas las cosas por una comunión misteriosa pero real que nos une en el Señor a todo lo que existe. Este crecimiento, fruto del cuidado de Dios para con todas sus criaturas, responde a su plan salvífico y, por lo tanto, a nuestra felicidad y plenitud.


Jesús nos dice lo mismo en el Evangelio de hoy empleando la parábola de la higuera (Lc 13,1-9). Él no deja de cuidarnos y de interceder por nosotros ante el Padre para que respondamos a Sus desvelos y acojamos Su gracia, esa que nos permitirá dar el fruto que Dios espera de nosotros.




viernes, 21 de octubre de 2016

Descubriendo la melodía de Su voluntad

Hoy Jesús hace una llamada a nuestra responsabilidad: sabemos muchas cosas acerca del comportamiento de la naturaleza y de otros asuntos. Sin embargo, nuestro nivel de conocimiento de Él y de Su plan de salvación sobre nuestra propia vida y sobre el mundo es bastante inferior (Lc 12,54-59).

Nos olvidamos de que es el mismo Espíritu del Señor el que habita en nosotros sugiriéndonos, orientándonos, indicándonos cómo hemos de vivir para hacerlo según la voluntad del Padre. Pero son otras voces las que escuchamos. Sí, ruidos de diversa índole sofocan los susurros que el Espíritu pronuncia desde nuestro interior y que sólo son audibles por los oídos del alma si prestamos atención a ellos, si deseamos de verdad escucharlos.

Tú y yo tenemos el deber de vivir sin miedo porque nos asiste el Paráclito. Dios mismo ha hecho morada en nosotros, nos comunica continuamente Su voluntad y nos regala el coraje y la valentía para vivir según ella.

Ojalá que nos atrevamos a vivir así, interpretando los mensajes que continuamente el Señor nos hace llegar por medio de Su Espíritu, el Maestro interior que nos enseña la sabiduría de leer lo que sucede en nosotros y a nuestro alrededor en la clave correcta, esa clave que nos permite ir componiendo la melodía de salvación que forman esas "piezas" con las que nos encontramos en nuestro día a día. Porque aunque a primera vista nos parezca que no tienen nada que ver unas con otras, todas, absolutamente todas, forman parte del plan amoroso de Dios para nuestra vida.



jueves, 20 de octubre de 2016

La impaciencia y la angustia de un Dios encarnado

Hoy escuchamos a Jesús exclamar: "He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!" (Lc 12, 49-50).

El Señor, consciente de Su misión, desea con toda su alma que se realice... y siente impaciencia mientras espera Su hora; conocedor del precio que ha de pagar, siente la angustia de lo que está por venir sin terminar de llegar... Sí, Jesús es plenamente humano; sus sentimientos son los de un hombre. Él ha asumido nuestra naturaleza con todas sus consecuencias para que podamos identificarnos con Él en todo y así poder llegar a ser lo que estamos llamados a ser: hijos en el Hijo.

Impaciencia santa, angustia en la espera de eso que sabemos ha de llegar pero no termina de hacerlo... ¿Cuándo y por qué sentimos impaciencia en nuestro día a día? ¿Cuál es la causa de nuestra angustia? Que el Espíritu Santo nos "enseñe" a hacer nuestros los sentimientos del Señor; que nos haga descubrir nuestra misión en esta vida y poner todo lo que somos y tenemos en juego para secundar Su gracia y colaborar en el cumplimiento de esa parte pequeña que nos compete en el gran plan de redención que el Padre tiene para el mundo. Y que nos conceda la gracia de sentir impaciencia y angustia sólo por lo que tenemos que sentirlas.



miércoles, 19 de octubre de 2016

Dando la ración debida

En el Evangelio de hoy el Señor nos exhorta a estar en vela esperando Su venida (Lc 12,39-48. Y responde a la pregunta de Pedro sobre si la parábola que ha pronunciado iba dirigida a ellos o a todos, diciendo que el administrador fiel es aquel que, aunque el amo no esté, hace lo que se le ha encomendado repartiendo la ración en el tiempo oportuno a quienes tiene el deber de cuidar.

También tú y yo somos administradores de los dones, las cualidades, las habilidades que nos han sido dadas por Dios de manera gratuita con la única condición de poner todo al servicio de los demás. Sí, el Señor ha querido que contribuyamos al crecimiento de nuestros hermanos procurando, con lo que nos ha dado, crear el ambiente propicio para ello.

Párate un momento y repasa todo lo que has recibido del Señor y dale gracias de corazón. Luego no te olvides de recordarte a ti mismo que has de dar a los demás de todo ello la "ración debida en el momento oportuno". El Espíritu Santo te ayudará a hacerlo si deseas de veras ser un administrador fiel y solícito como el de la parábola que hoy nos propone Jesús.



martes, 18 de octubre de 2016

Caminando con Jesús

Hoy Jesús nos anima a ponernos en camino sin llevar nada con nosotros (Lc 10,1-9). Y es que, para que nuestra vida sea eso que está llamada a ser, "basta" la Presencia de Jesús para caminar hasta coronar la meta que no es otra que la plena posesión de Dios.

Escucha a Jesús que te dice hoy: "Ánimo!!! Ponte en camino llevándoMe contigo en mi Cuerpo y mi Palabra. Con esto te basta para caminar: soy alimento para ti, consuelo en tu desaliento, apoyo y sostén para tu cansancio, orientación segura para que recuperes la ruta cuando la hayas perdido... ¡¡¡Ánimo!!! Que me tienes a mí y con eso basta".

Detente unos minutos para escuchar lo que quiere decirte. Y pídeLe con toda tu alma que ensanche tu capacidad de Él para que puedas recibirLe en tu vida en la medida exacta en que desea entregarSe a ti.



lunes, 17 de octubre de 2016

Ser rico ante Dios

En el Evangelio de hoy, un hombre se acerca a Jesús para pedirLe que intervenga en su favor frente a su hermano por un problema con la herencia. Ante esta petición, extraña si miramos al resto de las que otras personas hacen a Jesús, el Señor responde con la parábola del rico preocupado únicamente por atesorar riquezas (Lc 12,13-21). Antes se dirige a los que lo siguen para decirles que se guarden de toda clase de codicia.

Quizá nos parezca exagerado este consejo del Señor: puede que el hombre pidiera para sí lo que en realidad le pertenecía. Sin embargo, Jesús contesta lo que contesta... Puede que lo hiciera para llamar la atención del hombre sobre lo verdaderamente importante liberándole así de ese problema familiar que le tenía atrapado. No sabemos. Pero esto puede servirnos para hacer una breve reflexión.

Os invito a mirar con detenimiento qué es lo que pedimos a Jesús, qué esperamos de Él. Porque son nuestras peticiones, nuestras ilusiones y esperanzas el termómetro que mide nuestra temperatura espiritual. Este Evangelio nos da pie para preguntarnos cuáles son las "riquezas" que pedimos al Señor; qué "cosas" nos afanamos por atesorar. Y rápidamente, sin detenernos demasiado en nosotros mismos para no desviar nuestra atención del único que la merece, Jesús, pidámosLe que tenga misericordia de nosotros y nos muestre a lo largo de la jornada cómo podemos ser ricos ante Dios. Si se lo pedimos y aguardamos Su respuesta ten seguridad de que, de un modo u otro, en uno u otro momento, nos contestará.



domingo, 16 de octubre de 2016

Ensanchando la capacidad de desear

El Señor nos invita en el Evangelio de hoy a orar con insistencia, sin cansarnos, y nos asegura que el Padre siempre escucha nuestra oración. Para ello se sirve de la parábola de la viuda que no deja de insistir al juez inicuo hasta que le hace justicia (Lc 18,1-8).

Podemos preguntarnos cómo orar sin dejar espacio al desánimo cuando dudamos, no ya de la misericordia de Dios, inclinada siempre a satisfacer las necesidades de Sus hijos, sino de nuestra propia capacidad para orar. ¿No te sucede que, a veces, te preguntas si en realidad sabes orar o si lo que "haces" cuando pretendes dirigirte al Señor es verdaderamente oración? Porque en cuántas ocasiones -¡cada día!- tropiezas una y otra vez en tus propios límites cuando tratas de orar.

La lectura del Éxodo que hoy nos propone la liturgia (17,8-13) viene a sacarnos de nuestros pequeños desánimos. Verás...! Cuando Moisés ordena a Josué que ataque a Amalec, le dice: "Mañana yo estaré en pie en la cima del monte con el bastón de Dios en la mano". Sin embargo, un poco más adelante el relato nos cuenta que, mientras oraba, Moisés sintió cansancio, las manos le pesaban. Y los que le acompañaban tuvieron que facilitarle una piedra para que se sentara y sujetarle los brazos. Así, con la intercesión de Moisés, Josué venció a Amalec. Fíjate: las cosas no sucedieron como Moisés había previsto porque sus fuerzas le fallaron, pero se dejó ayudar y permaneció ahí, haciendo lo que buenamente podía, sin abandonar su puesto. 

Quizá el Señor quiera decirnos con esto que de lo que se trata es de no abandonar, de permanecer en nuestro pobre intento que casi siempre se limita a un deseo, el deseo de orar, de agradarLe en todo, de conocerLe cada vez mejor para amarLe cada día más. San Agustín nos dice que mantener este deseo es suficiente para que el Señor derrame Su gracia en nosotros. Así lo expresa este Padre de la Iglesia: "Nuestro Dios y Señor pretende que, por la oración, se acreciente nuestra capacidad de desear para que así nos hagamos más capaces de recibir los dones que nos prepara. Sus dones, en efecto, son muy grandes, y nuestra capacidad de recibir es pequeña e insignificante".


Ojalá que sigamos este consejo del de Hipona y que perseveremos, como Moisés, en nuestros pobres esfuerzos que consisten tan sólo en desear creer en el Señor con una confianza cada vez mayor esperándolo todo de Él; en cultivar un deseo firme de amarLe con todo el corazón, con toda el alma, con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser.






sábado, 15 de octubre de 2016

A quién acudimos?

El Evangelio de hoy (Mt 11,25-30) termina con la invitación del Señor para que acudamos a Él cuando estemos cansados y agobiados asegurándonos que será Él mismo Quien nos aliviará. Y continúa diciéndonos que aprendamos Su mansedumbre y Su humildad porque en ellas está el verdadero descanso.

A veces la vida nos coloca en situaciones difíciles y delicadas. En esos momentos sentimos que se estrecha el cerco y experimentamos una suerte de asfixia que amenaza con ahogarnos. ¿Has pensado alguna vez que quizá Jesús permita estas situaciones para que aprendas a buscar el alivio y el consuelo en Él, que es el único que puede proporcionártelos? 

Mira que las cosas no suceden porque sí y que todo, absolutamente todo, es utilizado por el Señor para atraernos hacia Sí. Él está deseoso de derramar sobre ti infinidad de dones y gracias que te perderías si no te acercaras al que es la Misericordia y el Amor infinitos. Ojalá que acudamos siempre a Él, en los buenos y en los malos momentos. Ojalá que nos dispongamos a recibir en nuestra pobreza todo lo que está dispuesto a darnos.